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Llenando el vaso ajeno


Durante una cena en el monasterio de Esceta, el padre más anciano se levantó para servir agua a los otros. Fue de mesa en mesa con mucho esfuerzo, pero ninguno de los padres aceptó.

"Somos indignos del sacrificio de este santo", pensaban.
Cuando el viejo llegó a la mesa del abad Juan Pequeño, éste le pidió que llenase su vaso hasta el borde.

Los otros monjes lo miraron horrorizados. Al acabar la cena, reprendieron a Juan:

-¿Cómo puedes juzgarte digno de permitir que te sirva un hombre santo? ¿No te diste cuenta de cuánto le costaba levantar la botella? ¿No notaste que sus manos temblaban?

-¿Cómo puedo impedir que el bien se manifieste? -respondió Juan.- Vosotros, que os consideráis perfectos, no tuvisteis la humildad de recibir, y el pobre hombre no tuvo la alegría de dar.



Referencias (URL para referencias)


Comentarios

  1. Muy bonito esto. Pero me temo, por los comentarios que llevo leídos en la bitácora, que Lugar Zen no es que se preste mucho a crear discusiones y polémicas, así que por desgracia ¡no vas a tener muchas visitas!

    Fernando, Fernando Cortes — 06-02-2005 || 15:55


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