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La cuchara


Un estudiante de zen se quejaba de que no podía meditar: sus pensamientos no se lo permitían.

Habló de esto con su maestro diciéndole:

"Maestro, los pensamientos y las imágenes mentales no me dejan meditar; cuando se van unos segundos, luego vuelven con más fuerza. No puedo meditar. No me dejan en paz".

El maestro le dijo que esto dependía de él mismo y que dejara de cavilar.

No obstante, el estudiante seguía lamentándose de que los pensamientos no le dejaban en paz y que su mente estaba confusa. Cada vez que intentaba concentrarse, todo un tren de pensamientos y reflexiones, a menudo inútiles y triviales, irrumpían en su cabeza.

El maestro entonces le dijo:

"Bien. Aferra esa cuchara y tenla en tu mano. Ahora siéntate y medita".

El discípulo obedeció.

Al cabo de un rato el maestro le ordenó:

"¡Deja la cuchara!".

El alumno así hizo y la cuchara cayó obviamente al suelo.

Miró a su maestro con estupor y éste le preguntó:

"Entonces, ahora dime quién agarraba a quién, ¿tú a la cuchara, o la cuchara a tí?.



Referencias (URL para referencias)


Comentarios

  1. Es curioso. Leí este cuento hace ya una semana o así. Aunque no acabé de entender la moraleja, me resultó fascinante y enigmático. He estado varios días pensando de vez en cuando sobre quién agarraba a quién, podría decir que el cuento me tenía agarrado. Creo que ahora comprendo el profundo mensaje de esta historia, sobre la valentía de vivir plenamente sin ataduras, siendo lo más complicado que las ataduras más fuertes son las que te haces tu mismo. Te atas a tu vida, a tu comodidad, a tu pequeño mundo ordenado y almacenado en tu cabeza. ¿Quién te agarra? ¿Agarras tú a la vida, o ni siquiera te lo planteas?

    J.M García — 16-02-2005 || 19:35


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