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El maestro de aikido exigía entrenamientos intensivos, pero jamás permitía que sus alumnos participaran en competiciones con otras academias de artes marciales.
Todos se quejaban entre ellos, pero nadie tenía valor para hablar del asunto en clase.
Hasta que, cierta tarde, uno de los muchachos se atrevió a decir:
–Nos hemos dedicado con todo nuestro corazón al estudio del aikido. Sin embargo, nunca sabremos si somos buenos o malos luchadores, porque no podemos enfrentarnos con nadie de fuera.
–Que nunca tengáis que saberlo –respondió el maestro–. El hombre que desea luchar, pierde su ligazón con el Universo. Nosotros estamos aquí estudiando el arte de resolver conflictos y no de iniciarlos.
Hispanicus — 19-05-2005 || 07:35
Aprendiz.zen — 19-05-2005 || 10:01
Eremita — 19-05-2005 || 11:44