Dicen
que el regalo de la alegría
corresponde a quien lo desenvuelve.
Por eso no podemos guardarlo en el corazón
esperando a que llegue el mejor momento para abrirlo.
La alegría es un compromiso revolucionario,
que alimenta el día a día.
Un reto vital que desde el amor,
debemos plantearnos cada mañana.
Entregar amor,
regalarlo en cada gesto.
Ofrecerlo por los ojos,
compartir alegría
y posarla allí donde pasemos la mirada,
abriendo sin miedo el regalo de la felicidad,
compartiéndolo de manera irreverente
con democrático afán.