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Cuando uno de los discípulos anunció su propósito de enseñar a otros la Verdad, el Maestro le propuso una prueba: Pronuncia un discurso en mi presencia para que yo pueda juzgar si estas preparado.
El discurso fue realmente inspirado, y al acabar se acercó un mendigo al orador, que se puso en pie y regaló su capa al mendigo para edificación de la asamblea.
Más tarde le dijo el Maestro:
-Tus palabras estuvieron llenas de unción, hijo mío, pero aún no estás preparado.
-¿Por qué?, preguntó desilusionado el discípulo.
-Por dos razones: porque no has dado al mendigo la oportunidad de expresar sus necesidades y porque no has superado el deseo de impresionar a los demás con tu virtud.
Anthony de Mello - Quién puede hacer que amanezca
almena — 02-12-2005 || 12:02